Abogacía-Española

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HOGAR DULCE HOGAR?!?

Parece que uno de las ideas arraigadas en la denominada memoria colectiva de cada individuo, es pensar que nuestro hogar se constituye en un remanso de paz, donde, después de cada jornada, podemos reponer fuerzas para poder enfrentarnos a los quehaceres, problemas y decisiones diarias.

En muchos casos, nada está más lejos de la realidad, y el “dulce hogar” se convierte en el “infernal hogar”.

No deja de sorprenderme la capacidad de adaptación del ser humano, y de cómo hechos espeluznantes, son normalizamos de la forma más absoluta.

Los medios de comunicación inician sus titulares con noticias como estas: “Esta mañana ha aparecido un anciano muerto con evidentes signos de violencia. Una mujer ha sido asesinada por su marido cuando le ha manifestado su decisión de divorciarse. Cristiano Ronaldo se ha entrenado con el resto del equipo en la ciudad deportiva…”, bueno, todo normal.

Señoras y señores, aterricemos en la realidad. Esos asesinatos, homicidios, agresiones,… no deben integrarse nunca en nuestro concepto de normalidad. Cada día personas mayores, niños, personas con discapacidad, son víctimas en su propia casa de los hechos más execrables, por personas de su entorno familiar, en la mayor parte de los casos, cuando, “lo normal”, sería que su hogar fuera su entorno de seguridad, y las personas que les rodean, sus mayores benefactores.

Muchas veces hinchamos el pecho de orgullo al considerarnos muy solidarios con refugiados, con ciudadanos de países que han padecido catástrofes, o hechos similares, cuando, en realidad, somos hipócritas.

Tranquilizamos nuestra conciencia haciendo una aportación dineraria, o entregando ropa y enseres que ya no usamos o comida. ¿Somos malas personas? Quiero creer que no, lo que pasa es que nos hemos vuelto cómodos.

Haciendo una aportación, o llevando puntualmente comida, damos por zanjada nuestra labor solidaria (no quiero con ello restar importancia al trabajo de muchas personas que dedican muchas horas de su vida a ayudar al prójimo). Cerramos los ojos y oídos, cuando muchas veces somos conscientes que, nuestro vecino o vecina, está sufriendo una situación insoportable y no hacemos nada. ¿Por qué? Porque somos cómodos. Mientras nuestra ayuda sea a personas alejadas, que no conocemos, no vamos a ser “molestados” en nuestro día a día. En cambio, si decidimos ayudar a personas más cercanas, ya sea escuchándolas o denunciando incluso su situación, eso nos va a generar “incomodidades” (ir a la policía, al juzgado, a servicios sociales…), y va a implicar, casi seguro, ganarse la enemistad con el agresor; sí, ese vecino o vecina de toda la vida que parecía tan buena persona.

No dejamos de escuchar constantemente que la violencia machista es una lacra que hay que erradicar. Pues bien, o estamos dispuestos a renunciar a un poco de nuestra comodidad o esa lacra no desparecerá nunca. No podemos olvidar que son muchas las víctimas que denuncian, pero muchas más las que no lo hacen y en muchos casos porque no pueden hacerlo, ya que su agresor/a se lo impide. O toda la sociedad se involucra o ya podemos borrar de nuestra memoria colectiva esa frase de “hogar dulce hogar”.

Sra. CARME SALA PICÓN.
Vocal de la Comissió VIDO de l’ICASBD.

 

 

 

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